Actualizando
a Assimov
La
última pregunta se formuló por primera vez en 2043, antes de que la última
lámina de grafeno se volatilizara en las manos de Iksen, “¿qué es el
conocimiento?”. La humanidad había confinado los pilares de la “cultura
innovadora” sobre estas finas láminas que desprendían pequeños puntos de luz,
cegando el discernimiento del saber.
Era
2036. Iksen y Yuri eran asistentes asiduos en la Facultad de Programación
Neurolingüística de la universidad de Alicante. Como estudiantes, habían
naturalizado el proceso de adquisición de conocimiento a través de unas láminas
de grafeno. La inmensa cantidad de información que éstas podían albergar se
contenía en finos haces de luz. Nada dentro de lo humano era capaz de retener
tanta información. Los constantes ataques contra el aprendizaje memorístico en
los últimos veinte años, les había dado la opción de participar el en proyecto
MAE, ‘Memoria Artificial Enriquecida’. Su función dentro del plan era diseñar
un proceso de autoajuste y autocorrección instantánea de la información
contenida en aquellos puntos lumínicos.